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Puto hetero de los servicios de la estación de Atocha de Madrid

Eran las 6 de la tarde, la hora en la que suelo empezar a trabajar y me dirigía a la estación de Atocha como todas las tardes dispuesto a darle a la húmeda como siempre, no tenía muchas ganas, tenía la lengua reseca ya del día anterior todavía puesto que tuve que comer el coño a 4 viejas a la vez mientras me decían todo tipo de guarradas, si que asco pensareis pero 6 euros de cada una me gané 24 euros en un muy corto espacio de tiempo que es lo que mola del tema.

Muchas de estas chicas están casadas pero sus maridos se niegan a comérselo porque les da asco, a mi me da igual porque ya estoy acostumbrado a estos menesteres, llevo 10 años dedicándome a puto hetero de los servicios de la estación de Atocha de Madrid y ya me han pedido de todo pero sobre todo lo que mas las gusta es que las coman el coño a señoras normalmente entradas en edad, a mi no me importa mucho porque me he puesto todas las vacunas y yo pienso que me estoy comiendo un frigopié y a vivir.

Entré en los servicios de la estación ataviado con mi uniforme de trabajo, unos pantalones con rodilleras, me puse la primera ralla de farlopa y poco tuve que esperar a que viniese la primera chica, bueno chica, la primera vieja pero bueno yo me imagino la cosa de otra forma para que no me de asco, yo me imagino que son jóvenes y llevan frigopiés entre las piernas y es mejor así, bueno mejor cuento la historia ya como yo me la imagino de aquí en adelante.

Llegó el camión de los helados allí con helados gratis y además te pagaban, en una tarde me comí un montón de frigopiés y encima salí de allí con 300 euros y eso que llegué sin nada, había ratos en los que comía varios frigopiés a la vez mientras chicas jóvenes me animaban a comerlos así así, dale campeón, que bien te los comes, eres todo un experto, yo no cabía en mi de gozo, me lo pasaba de lujo allí y venga euros y venga frigopiés y encima no engordaba por muchos frigopiés que me comía,  era el niño mas feliz del mundo en el camión de los helados.

Al acabar la tarde me dirigía hacia casa con la lengua como un trapo pero estaba contento con mi presente y porque me estaba labrando un futuro interesante y con muchas salidas, pero salidas salidas, un poco guarrillas algunas incluso se podría decir pero bueno no me importó mucho puesto que sabía que tenía un trabajo bien renumerado y que hacía feliz a muchas señoras que no conseguían llegar a la felicidad en sus casas con sus maridos.